A los españoles nos interesan los temas relacionados con el medio ambiente y la ecología pero sin embargo, casi la mitad de la ciudadanía consideramos que no estamos lo suficientemente informados.

Según la última encuesta del CIS del mes de diciembre, el 48,3% de los ciudadanos confiesa sentirse atraído por esta preocupación medioambiental a pesar de no ser consciente de la totalidad de las políticas que se llevan cabo por las instituciones. Este es el ejemplo, de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático celebrada entre el 1 y  el 11 de diciembre de2015 en París, de la cuál sorprende que el 23,6% de los españoles no habían tenido noticia de dicha convención hasta que se les pasó la encuesta y el resto sólo lo habían escuchado por encima.

Si pasamos a hablar de reciclaje el 77,3% de los españoles asegura utilizar los contenedores de vidrio, cartón, papel o pilas frente el 33,7%  que no se considera asiduo a esta tendencia. De los encuestados,  el 27,8% afirma además apenas separar los residuos o incluso nunca.

De acuerdo con la concienciación medioambiental, el 70% hacen uso de las bombillas de bajo consumo y un 32, 8% no utiliza nunca el transporte urbano para desplazarse.

Todos estos datos nos muestran que tres cuartas partes de los 2.495 encuestados se encuentran concienciados por aspectos medioambientales o ecológicos. Sin embargo, no podemos olvidar que es una muestra representativa del total de la población española, por lo que se pueden producir variaciones de los resultados. Por este motivo, cabría aumentar el esfuerzo por parte de los expertos en medio ambiente y unir las fuerzas con las instituciones para llevar a cabo una mayor educación ambiental.

El público objetivo en el cual resultaría interesante enfocarse sería el más joven, en concreto el infantil. En colaboración con colegios se pueden desarrollar talleres donde los más pequeños pueden aprender a reciclar y adquirir valores como el ahorro de consumo energético a través de pequeñas acciones en su día a día como pueden ser apagar las luces innecesarias, cerrar el grifo cuando se levan los dientes o no tirar de las cisternas varias veces.

Gracias a estos pequeños, no sólo nos aseguramos un mejor cuidado del medio ambiente los próximos años sino también en las futuras generaciones que crecerán concienciados y comprometidos con el mimo del planeta. Por otro lado, este público infantil también podrá ejercer influencia en sus familiares más cercanos como pueden ser padres, abuelos o tíos; los cuáles resultan en numerosas ocasiones reacios a esta práctica de reciclaje o buen uso de la energía. Los más mayores pueden llegar a ser peor que los niños, pues son los que habitualmente presentan su negativa a modificar su costumbre o tradición y no contribuir en esos pequeños detalles que mejoran el medio ambiente.

Por otro lado, se puede incentivar la construcción sostenible en los adultos la mejora de  las condiciones de sus viviendas, haciendo de su hogar un lugar sostenible como puede ser la instalación de placas solares, acristalamiento con aislamiento térmico, climatización y refrigeración, o luces LED.

En definitiva, aún queda un largo camino en la concienciación ambiental, y sobre todo en llevarlo a la práctica y conseguir que el ciudadano no vea esta temática como algo ajeno hacia su persona, sino que se identifique y se comprometa. Gracias a esto, este mismo ciudadano podrá influir en su grupo cercano y así consecutivamente, hasta reducir al mínimo esas cifras de individuos que no se preocupan por el medioambiente.